La "sangría de yeguas": enfrentar ante la justicia a una industria habilitada para lo que consideramos crueldad

La "sangría de yeguas": enfrentar ante la justicia a una industria habilitada para lo que consideramos crueldad

Como abogados de dos fundaciones internacionales, llevamos a la justicia argentina la “sangría de yeguas” y defendimos nuestro lugar en la causa frente a una empresa con décadas de trayectoria. La causa puso en evidencia un límite de nuestra ley que hoy buscamos cambiar.

La "sangría de yeguas": enfrentar ante la justicia a una industria habilitada para lo que consideramos crueldad

La situación
Desde hace años, organizaciones internacionales de protección animal investigan una práctica conocida como "sangría de yeguas": la extracción de grandes volúmenes de sangre a yeguas preñadas para obtener una hormona que luego se exporta, principalmente a Europa, para aumentar la fertilidad de las cerdas en la industria porcina. Según esas investigaciones, la actividad implicaba extracciones reiteradas, abortos inducidos para volver a preñar a las yeguas y malos tratos durante el manejo de los animales, registrados en filmaciones obtenidas dentro de un establecimiento de la empresa Syntex S.A. en Ayacucho, provincia de Buenos Aires.

El desafío
Era un caso de enorme complejidad. Enfrente estaba una empresa con décadas de trayectoria, habilitaciones oficiales y un fuerte respaldo técnico y jurídico. Había que traducir años de investigación internacional (informes científicos, dictámenes veterinarios, filmaciones y documentación en otros idiomas) a los términos de la ley penal argentina, y sostener algo que muchos daban por imposible: que una actividad habilitada puede igualmente constituir maltrato animal si provoca sufrimientos innecesarios.

Qué hicimos
Como abogados de la Fundación Franz Weber y de la Animal Welfare Foundation, formulamos en noviembre de 2019 una denuncia penal por infracción a la ley de maltrato animal ante la justicia de Dolores. La acompañamos con la investigación internacional completa, informes de veterinarios argentinos y de un especialista en medicina reproductiva de una universidad alemana, fotografías, la ubicación del establecimiento y numerosas filmaciones. Pedimos un allanamiento inmediato para verificar la cantidad y el estado de los animales, y el secuestro de la documentación sobre los protocolos de extracción de sangre, la frecuencia de los sangrados, los abortos inducidos y los volúmenes de hormona exportados.

Cuando la investigación no avanzaba, reclamamos ante la Fiscalía General y seguimos impulsando cada medida. La empresa intentó impedir que participáramos del proceso y que accediéramos al expediente, pero el Juzgado de Garantías de Dolores nos dio la razón y reconoció a la denunciante y a nuestro estudio como legítimos intervinientes en la causa, con todas las facultades que la ley otorga. Mantuvimos a las organizaciones internacionales informadas en cada paso, con traducciones de los escritos y reuniones de trabajo, y respondimos públicamente, junto a ellas, a los intentos de la empresa de desacreditar la denuncia.

Dónde terminó la causa, y lo que se logró
La fiscalía finalmente archivó la investigación, y la Fiscalía General confirmó esa decisión: consideró que, al contar la empresa con las habilitaciones correspondientes, su actividad no encuadraba en la ley penal, y señaló que el camino para cuestionarla era la revisión administrativa de esas autorizaciones. No nos quedamos ahí: junto a las fundaciones, llevamos nuestra preocupación al Procurador General de la Provincia de Buenos Aires.

Aunque la causa penal no prosperó, el caso dejó marcas. Llevó a los tribunales argentinos una práctica que durante décadas había permanecido lejos de la mirada pública, obligó a la justicia a pronunciarse sobre ella y contribuyó a la presión internacional para que las empresas compradoras revisaran su vínculo con la actividad. Y dejó en claro un límite de nuestra legislación actual: mientras los animales sean considerados cosas, una habilitación administrativa puede alcanzar para justificar su sufrimiento. Ese límite es una de las razones por las que impulsamos la Ley Sintientes.

En los medios
Noticias Ambientales (19/03/2021): "Granja de sangre en Argentina: Un negocio cruel que se debe detener".

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