Allanamiento con armas y droga: logramos que cayeran las acusaciones más graves

Allanamiento con armas y droga: logramos que cayeran las acusaciones más graves

Encontramos las fallas del acta de allanamiento, las discutimos hasta el Tribunal de Casación e interrogamos a cada policía que ingresó a la vivienda. Así logramos que cayeran las acusaciones más graves y que la pena quedara prácticamente en el mínimo legal.

Título: Allanamiento con armas y droga: logramos que cayeran las acusaciones más graves

La situación
En junio de 2025, durante un allanamiento en una vivienda de San Francisco Solano, nuestro cliente fue detenido. Según el acta policial, al ingresar el grupo de irrupción había apuntado con un arma de fuego a uno de los efectivos y había gatillado dos veces contra él. En la habitación se secuestraron además dos revólveres, envoltorios con cocaína y una balanza de precisión. A partir de ese único procedimiento se abrieron dos causas distintas: una por tenencia de estupefacientes con fines de comercialización, y otra por resistencia a la autoridad, amenazas agravadas por el uso de arma de fuego y tenencia ilegal de armas, con una agravante adicional por el empleo de armas. Nuestro cliente quedó en prisión preventiva.

El desafío
Cuando tomamos la defensa, la investigación ya estaba avanzada, el fiscal se preparaba para pedir la elevación a juicio y nuestro cliente llevaba semanas detenido. La acusación se sostenía sobre un acta de allanamiento con graves inconsistencias, y la suma de las imputaciones exponía a nuestro cliente a una pena muy elevada. El episodio del arma era el punto decisivo: atribuirle haber intentado disparar contra un policía cambiaba por completo la gravedad del caso.

Qué hicimos
Estudiamos el procedimiento en profundidad, pieza por pieza, y encontramos el punto débil de la acusación: el acta no reflejaba lo que había ocurrido. Los propios policías que la firmaron habían tenido que rectificarla, reconociendo que no habían presenciado el momento del ingreso y que habían volcado lo que otros les contaron. A partir de ahí trazamos la estrategia.

Pedimos que ambas causas se unificaran, porque nacían de un mismo hecho y no podían discutirse por separado sin perjudicar la defensa. Solicitamos medidas de prueba urgentes, ampliamos los puntos de pericia y aportamos testigos de descargo. Participamos en las declaraciones del personal que ingresó a la vivienda e interrogamos a los efectivos del grupo de irrupción, cuyas versiones terminaron contradiciendo la del acta. Nos opusimos a la elevación a juicio mientras esa prueba no se produjera.

En paralelo, planteamos la falsedad del acta de allanamiento y pedimos su nulidad. Llevamos ese planteo al Juzgado de Garantías, a la Cámara de Apelación y Garantías y al Tribunal de Casación Penal de la Provincia, y volvimos a introducirlo ya en la etapa de juicio. Cada instancia nos permitió dejar asentadas las contradicciones del procedimiento y fortalecer nuestra posición.

Con ese trabajo hecho, evaluamos junto a nuestro cliente los riesgos y beneficios de ir a juicio oral, y decidimos acordar un juicio abreviado. Pero no aceptamos la acusación tal como venía: discutimos ante el tribunal la calificación de los hechos más graves, apoyándonos en todo lo que habíamos construido durante la investigación.

El resultado
El tribunal nos dio la razón. Concluyó que, según los propios policías que ingresaron, no estaba probado que nuestro cliente hubiera apuntado ni gatillado contra ningún efectivo, y descartó las acusaciones de resistencia a la autoridad y de amenazas agravadas por el uso de arma de fuego. Cayeron así los delitos más graves de la imputación. La pena final fue de cuatro años y un mes de prisión: prácticamente el mínimo legal para los delitos que subsistieron, e incluso inferior a la que se había acordado inicialmente.

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